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Cómo hacer que el cultivo de la papa sea exitoso según Angelo Calcaterra

cultivo de papa en Argentina

La situación de los grandes y pequeños productores de papa en Latinoamérica y la visión del panorama a futuro del CEO en San Tonino

El  productor papero con gran experiencia en el rubro y dueño de San Tonino S.A. en Pareditas, Mendoza, Provincia de Buenos Aires, Argentina, resume cuáles son los secretos para lograr un cultivo de papa con mucho éxito.

Los historiadores consideran que la papa fue el motor de la expansión europea en el siglo XVII, ya que solucionó hambrunas y permitió el crecimiento demográfico en el Viejo Continente. Su escasez, por cuenta de una plaga, causó la muerte de cerca de un millón personas de aproximadamente dos millones a mediados del siglo XIX. Nos referimos a la papa, ese tubérculo de apariencia simple y procedencia humilde, que ha jugado un rol determinante en la historia de la humanidad.

“La papa es originaria de Sudamérica, pero ya es cultivada en todo el mundo y se ha consolidado como uno de los alimentos más importantes para el consumo humano”, explica el productor papero , quien aporta que según cifras de la Superintendencia de Industria y Comercio la papa representa aproximadamente un 32 % de la producción de los cultivos transitorios, es decir, aquellos anuales, bianuales y plurianuales, y cuyo valor radica en el volumen y la calidad del producto en cada cosecha en toda Latinoamérica. 

Datos que suman 

Es importante destacar que el 85 % del total de la producción del tubérculo pertenece pequeños productores, mientras que solo el 5 % está en manos de los grandes productores. De todas formas, son los de pequeña escala, aquellos que tienen menos de 3 hectáreas, quienes enfrentan mayores retos e inconvenientes.  “Al no poder acceder a semillas de buena calidad, los cultivos son más vulnerables a enfermedades y plagas, y en esa medida los pequeños productores deben incurrir en gastos adicionales por cuenta del uso de agroquímicos. Es un círculo vicioso”, aporta el profesional.

Es importante involucrar a asociaciones y organizaciones entonces para poder ayudar. El objetivo era involucrar a la comunidad en el diseño y la implementación de estrategias de innovación agrícola, manejo ambiental y fortalecimiento social y organizativo que permitieran, no solo mejorar la productividad de los cultivos, sino también preservar los recursos naturales importantes como la papa. 

“La conservación del ecosistema es otro asunto crucial para la cadena productiva de la papa. Las regiones en las que se cultiva el tubérculo suelen limitar con los páramos, en donde se encuentran los nacimientos de agua de los que se abastecen las ciudades. En esa medida, lo ideal es reducir al mínimo el impacto de la agricultura sobre estos biomas”, explica el experimentado productor.

En algunos países de Latinoamérica se inició el proyecto “Estrategias participativas de manejo sostenible en sistemas productivos con pequeños agricultores. Esta iniciativa beneficia directamente a 42 familias e indirectamente a 103. El proyecto fue ejecutado durante cinco años y funcionó muy bien. Es por este motivo que es vital implementarlo en otros países sugiere el profesional.

La importancia de una buena semilla

La anteriormente mencionada fue experiencia en un proyecto de innovación rural participativa. Mientras algunas cadenas productivas, como las del café y el palmito, cuentan con institutos técnicos patrocinados por la empresa privada para el mejoramiento de las cosechas, los pequeños productores de papa no tienen las mismas facilidades al momento de buscar asesoría técnica.

“La única asesoría que los pequeños productores de papa suelen recibir proviene de los comercializadores de agroquímicos, quienes, siempre, recomiendan un uso de pesticidas mayor al apropiado, lo cual termina afectando la calidad del cultivo, el medio ambiente, e incluso la salud de los consumidores. Eso es realmente un problema que atender”, puntualiza el productor papero.

El uso de buena semillas trae un resultado siempre exitoso, pero hay que estar atento y siempre concentrarse en que se este eligiendo la mejor calidad y la mejor manera de cultivar. El caso es que los productores suelen usar como semilla la papa que descartan para la venta, esto significa, papa no uniforme, posiblemente afectada por enfermedades. Lo hacen porque desconocen tanto las ventajas que tendría usar una buena semilla, como las desventajas que implica basar toda la producción en semillas de mala calidad. 

Otro de los objetivos principales del proyecto era recuperar variedades tradicionales de papa importantes culturalmente para la comunidad y que ya casi no se estaban produciendo. Según informa el arquitecto a pesar de que existen más de 30 variedades de papa, el 90% de la producción en Colombia se concentra en las variedades diacol capiro, parda pastusa y pastusa suprema.

Es importante destacar que en los laboratorios de la Universidad Javeriana se dio a la tarea de hacer el cultivo de tejido vegetal in vitro para producir las semillas, y posteriormente entregar a los pequeños productores plantas libres de virus y enfermedades. Las variedades de papa que se desarrollaron con semillas producidas en el laboratorio de la universidad fueron la  única, la papa tuquerreña, la parda pastusa y la pastusa suprema.

Los pequeños productores tuvieron la oportunidad de comparar las parcelas cultivadas con semillas certificadas con los lotes en los que sembraron de la forma tradicional. 

Buscar una solución

Aunque el uso de semillas de buena calidad es un paso fundamental en el mejoramiento de los cultivos, es importante integrar otras prácticas sostenibles en la agroindustria para conseguir una mejor producción y un menor impacto en el medio ambiente. Una de esas prácticas es la producción de bioinsumos, mezclas producidas con desechos de la cosecha que se utilizan en la fertilización y en el control de plagas y muchas enfermedades.

“A través de talleres, los productores conocieron la diversidad de bioinsumos aplicables a los cultivos en todas las regiones, no solo al de la papa, sino también a los de legumbres. Los productores seleccionaron diferentes parcelas en los lotes para probar el impacto de algunos bioinsumos y así determinar en qué proporción podían reducir el uso de agroquímicos y evitar la dependencia de productos comerciales. Según Fedepapa, los fertilizantes, los fungicidas y los herbicidas suman, en promedio, un 40% del costo total de producción”, informa el profesional.