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Generalidades de la papa en Argentina relatadas por el productor Angelo Calcaterra

cultivo de papa

El tercer alimento del mundo más consumido es la papa. Esto no es novedad para los que se dedican a este noble cultivo que de tubérculo ancestral se convirtió en una industria pujante para países con importantes actividades agrícolas como Argentina. 

Un poco de historia: el cultivo de papa a través del tiempo

La papa es consumida, después del arroz y el trigo, como un alimento principal en la mesa de todos los habitantes del mundo, pero mucho más en América Latina, en donde tiene su origen y mayor tradición. 

Los primeros registros de la producción de papa a nivel nacional se ubican a comienzos del siglo XX, en las cercanías de Buenos Aires. 

Estos cultivos de papa ya tenían miras comerciales y no de consumo familiar. Así fueron desplazándose hacia el sur de la provincia y llegando a Santa Fe. Esta fue la primera área papera importante a nivel nacional. Esto ocurrió por las características agroecológicas del lugar y la conectividad que poseía con la pujante provincia de Buenos Aires. 

No obstante, las dificultades no se hicieron esperar y su poca difusión sumada a un problema con un hongo afectó buena parte de los cultivos instalados. Esto se sumó a dificultades de sanidad para obtener una semilla sana y esto terminó de desplazar la actividad de la zona hacia Buenos Aires en 1940. 

En la provincia de Buenos Aires se daban buenas condiciones climáticas y de suelo que hacían que la región bonaerense fuera más saludable para emprender estos cultivos y así en la siguiente década comienza su expansión hacia Tucumán, Mendoza y Córdoba. 

“Ya para 1960, Argentina ya contaba con más de 200 mil hectáreas sembradas de papa que llegaron a producir 2,5 millones de toneladas de este noble tubérculo“, sintetiza Angelo Calcaterra para graficar la pujanza de la actividad. 

La actividad llega a alcanzar unas 62 mil hectáreas pero pese a la increíble magnitud dedicada no se refleja en el volumen de papas producido y éste queda estable en 2.5 millones de toneladas para el año 2017. 

¿Por qué?

En parte por un importante incremento de la productividad que se inicia en los 80 y se afianza en la década de los 90 pero que obedece en realidad a la combinación del uso de nuevas variedades, de mejores semillas y de la aplicación de fertilizantes de forma sistemática junto a las técnicas de riego complementario. 

Todo esto permite que la producción de papa en el país llegue a una productividad que es levemente mayor (29 toneladas por hectáreas) que es casi un 50% más de la productividad media a nivel mundial. 

Para que este número sea mayor, habrá que recurrir a la agro robótica, la información satelital y la gestión inteligente de los cultivos. Será una etapa en desarrollo para los próximos años. 

Por eso, pese a la ventaja competitiva frente a los rindes internacionales, la papa argentina es marginal en el plano mundial: alcanza apenas un 0,3% de la superficie total plantada y un 0,5% de la producción global. 

Los productores

El cambio de la productividad y la superficie dedicada impacta en la variación de la cantidad de productores paperos, por supuesto. 

Es decir, mientras que en la década del 80 podían llegar a unos 3 mil con una superficie de 40 hectáreas por cabeza, actualmente se calcula otra distribución: 200 hectáreas repartidas entre 300 productores. 

Los distintos ambientes paperos del país marcan cuatro tipos de producciones en donde éstos están distribuidos: la temprana, la semi temprana, la tardía y la semi tardía. 

Eso es de acuerdo a la épica de la siembra y la posterior comercialización y su destino. 

A su vez, la producción papera está diferenciada en tres objetivos: para consumo fresco, el destino más frecuente del mayor volumen de la papa producida a nivel nacional, el procesamiento industrial y para obtener semillas. 

Cada uno de estos destinos u objetivos de mercado tiene una organización diferente y muy específica. 

De acuerdo a los requerimientos de cada sector cada productor se pone como meta un producto a obtener. 

La papa para consumo fresco llega a ser un 75% de la producción total de papa del país y se dedica casi exclusivamente a abastecer el mercado local o interno. En Argentina se consumen alrededor de 40 kilos de papas por persona por año y considerando tanto el consumo fresco como los productos industrializados basados en papa, podría ser incluso un poco más. 

De esta forma, la producción primaria se hace en unidades que a su vez promueven otras actividades productivas ya que las exigencias sanitarias del cultivo lleva a que cada lote deba rotar cada 4 años antes de volver a sembrar papa. 

No obstante, la necesidad de dedicar áreas a la producción de semillas de papa no es suficiente. La demanda existente la supera por lo cual una parte grande de los lotes se dedican a papas cosechadas y resguardadas para ser sembradas en el nuevo ciclo como semillón. 

Excepto en casos en los que la producción se encuentra completamente mecanizada, incluyendo la recolección y la cosecha entera, la mayor parte de los productores requieren del empleo copioso de mano de obra para poder llevar adelante la gestión del cultivo de papa. “Esta siempre se combina con una sacadora mecánica pero de ninguna manera es suficiente“, señala el experto Angelo Calcaterra, CEO de San Tonino S.A.

El trabajo, para tener un orden de magnitud, requiere un equipo de 12 hombres para cosechar aproximadamente 2 hectáreas diarias. Esto en caso de que se apile la cosecha o solo una hectárea si además se realiza el embolsado y se carga en un camión para su almacenamiento. 

Por esto el volumen de mano de obra que se precisa es satisfecho por empleados que se van de una zona productiva a la otra y se vuelven trabajadores golondrinas de la papa. 

Las actividades de fertilización y riego son aparte, también necesitan mano de obra y en el futuro cada vez más estarán digitadas por maquinaria inteligente, pero necesitarán de personal capacitado. “Es por eso que la formación del sector es clave“, enfatiza el especialista. 

Por último, Angelo Calcaterra señala que hay mucho por mejorar en materia de conservación. Una vez cosechada la papa, en el sistema más tradicional, es apilada a campo y cubierta con tierra o chalas, según la zona productiva. En unidades más modernas se las traslada en camión hacia unos galpones acondicionados, y es conservada en cámaras frigoríficas especiales. 

El punto más delicado allí es que con el traslado pueden desperdiciarse, marcarse y golpearse al punto de no poder ser comercializadas y afectar los rindes. “Es otro eslabón de la cadena a mejorar“, asegura el profesional.