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El cultivo de la papa impacta en la economía

Evolución del cultivo de papas

Cómo la cosecha de este tubérculo ayuda al superávit

Angelo Calcaterra, especialista en cultivo de papas y dueño de San Tonino S.A. en la provincia de Mendoza, Argentina, se refiere a cómo la economía crece gracias a la plantación de este vegetal.

El rey español Felipe II no tenía ni idea de lo que tenía entre manos. Alrededor de 1565, recibió una caja que contenía cosas extrañas. Los conquistadores españoles la trajeron de América. El monarca también encontró en ella unos cuantos tubérculos marrones del tamaño de un puño. Las entregó a sus botánicos y unos meses después admiró una planta verde y exuberante de un metro de altura con magníficas flores blancas. El rey regaló un ejemplar de la planta al Papa en Roma. “La papa había llegado a Europa. Sin embargo, al principio sólo acababa en los jardines botánicos, no en las ollas”, recuerda el especialista.

Sin embargo, a la larga, ningún otro alimento ha cambiado tanto la historia de la humanidad como la planta de las solanáceas de nombre botánico «Solanum tuberosum». Así lo demuestran dos economistas en un nuevo y fascinante estudio titulado «La contribución de la papa a la población y la urbanización».

Una revolución agrícola increíble

El especialista en el cultivo de papas, concluye: “Los tubérculos marrones elevaron drásticamente el nivel de vida en Europa y fueron un requisito crucial para el ascenso político y económico del continente. Sin la patata, la Revolución Industrial probablemente nunca habría tenido lugar”.

Gracias al cultivo de la papa, la productividad agrícola se disparó. En comparación con los otros cultivos de la época en Europa, la papa resultó ser muy superior. En un terreno cultivable idéntico, un campo de papa produce tres veces más calorías que el trigo, la cebada y la avena. Un campo de papas de 2.000 metros cuadrados -aproximadamente un tercio de un campo de fútbol- proporcionaba alimentos suficientes para una familia con tres hijos durante un año. “Si la misma familia hubiera subsistido con cereales, habría necesitado un campo del tamaño de un campo de fútbol entero. Además, a diferencia de los cereales, las papas contienen tantas vitaminas y nutrientes que la gente podría vivir casi exclusivamente de ellas sin desarrollar síntomas de carencia”, apunta el profesional.

Por todas estas propiedades, los historiadores sospechan desde hace tiempo que el cultivo de la papa en Europa tuvo consecuencias económicas. Sin embargo, faltan pruebas empíricas concluyentes para esta tesis. La mera observación de que el consumo aumenta en una región y la población aumenta al mismo tiempo dice poco. Al fin y al cabo, también es posible que la mayor densidad de población haga que se coman más papas, y no al revés.

Angelo Calcaterra abordó este problema con un inteligente giro metodológico. Aprovechó el hecho de que las papas no se pueden cultivar bien en todas las regiones, principalmente porque el clima no acompaña en todas partes. “En los lugares donde las condiciones son especialmente favorables, debería haber más patatas que en otros lugares a largo plazo, independientemente de otros factores, según los cálculos de los investigadores. Y si la papa fue la causa de un mayor nivel de vida, esas regiones deberían estar mejor a largo plazo tras el cultivo de la planta en Europa”, detalla el especialista.

La papa en el mundo

En 2004 se cultivaron en todo el mundo unos 18,6 millones de hectáreas de papas y se cosecharon 321,1 millones de toneladas. Los principales productores de papas son Europa y Asia, con casi 131,4 y 132,3 millones de toneladas respectivamente. En los países desarrollados, el consumo de papas se está estancando y en su mayoría ya no se consumen en su forma original, sino como producto procesado.

Las papas también se cultivan para la producción de almidón (papas industriales). El almidón se utiliza en la fabricación de productos alimentarios (sopas, aglutinantes de salsas), papel y cartón, adhesivos, pero también en la industria textil y farmacéutica. Las patatas también se utilizan para la producción de alcohol (papas de destilería). Esto aporta el especialista en cultivo de papa y dueño de San Tonino S.A.

El cultivo de papa para la alimentación animal es insignificante. En la actualidad, las «papas forrajeras» son en gran medida una salida al mercado de la papa de mesa. En caso de exceso de oferta en el mercado, los excedentes se alimentan o se utilizan en plantas de biogás.

«Este es el tubérculo madre», dice el especialista. Una patata descansa sobre su mano. Lady Amarilla, una buena variedad de papas fritas. Westermeier frota con ternura unas migajas de tierra oscura de su piel y señala un pequeño brote blanco. «¿Ves eso? Eso es el principio. Ahora está aquí en el suelo hasta agosto, y no sabemos qué va a pasar con él». Qué plagas la atacarán, qué le hará el clima, si germinará correctamente. Y luego también: si podrá venderlo alguna vez.

“El cambio climático, con fenómenos meteorológicos extremos como las lluvias torrenciales y el calor intenso, hace que todo sea más difícil, y además están los requisitos de calidad cada vez más estrictos de la industria alimentaria. La presión de los precios es alta, porque la gente quiere alimentos baratos. Y ahora también el covid”, aporta el experto.

El hecho de que la pandemia haya golpeado duramente a la economía no es algo nuevo, y en muchos sectores todo el mundo lo entiende enseguida: tiendas cerradas, aviones en tierra, etc. En el caso de los productores de patatas, no es evidente a primera vista, pero la caída ha sido devastadora para muchos de ellos. Así que la demanda se ha desplomado, y lo hizo después de que los agricultores pusieran los tubérculos madre en los campos la pasada primavera y no hubiera vuelta atrás. Las papas germinaban, los agricultores veían crecer las plantas, trabajaban duro durante la época de la cosecha y no sabían si podrían vender sus patatas ni cuántas. Al mismo tiempo, al principio de la pandemia, los almacenes estaban llenos de papas del año anterior, que ahora nadie quería.
“Las papas no deben estar a menos de siete grados, según el contrato con los compradores, porque un almacenamiento demasiado frío favorece la formación de acrilamida, una sustancia potencialmente cancerígena, cuando las patatas se hornean, fríen o fríen demasiado”, culmina el especialista Angelo Calcaterra.